PAN PARA EL CAMINO
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EL PERDÓN DEVUELVE LA LIBERTADPocas cargas pesan tanto como el resentimiento. Quien vive aferrado al pasado termina permitiendo que la herida siga gobernando el presente. Cristo conoce ese sufrimiento y por eso insiste una y otra vez en el perdón. No porque el mal sea insignificante, sino porque el amor es infinitamente más fuerte que el odio. «Perdonen y serán perdonados» (Lc 6,37). El perdón no cambia el pasado; cambia el futuro de quien decide concederlo.San Agustín experimentó que nadie puede recibir plenamente la misericordia de Dios mientras cierre el corazón al hermano. Enseña que la caridad sana las heridas que el orgullo mantiene abiertas. El Catecismo de la Iglesia Católicarecuerda que el perdón constituye una condición indispensable para vivir auténticamente el Padrenuestro (CEC 2840-2845). Quien perdona comienza a parecerse al Padre misericordioso.Hoy entrega al Señor el nombre de aquella persona cuya memoria todavía hiere tu corazón. Tal vez aún no puedas reconciliarte plenamente, pero sí puedes empezar a pedir a Dios la gracia de querer perdonar. Allí comienza la verdadera libertad.Palabra de Dios: Lucas 6,36-38.P. Fr. Juan Alberto Cárdenas Ruiz, OSA
SEMILLA AGUSTINIANA
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Es Domingo y estamos invitados a agradecer a Dios, a la vida, a los familiares, amigos y seres queridos por las muchas bendiciones recibidas a lo largo de la semana. Dígamos a Dios: mi Señor y mi Dios gracias, gracias, eternamente gracias por que es eterna tu misericordia. Que el Señor aleje de ti, de familia y seres queridos todo mal del cuerpo y del alma.
Feliz y bendecido domingoSEMILLA AGUSTINIANAQuien ama su vida en este mundo la perderá. Habla el grano; habla el grano que cayó en tierra y murió para multiplicarse; escúchesele, porque él no miente. Lo que advirtió lo cumplió él mismo; nos instruyó con su precepto y fue delante con su ejemplo. Cristo no amó su vida en este mundo; vino precisamente para perderla, para entregarla por nosotros y para recuperarla cuando quisiera ( Serm 305,2).P. Juan A. Cardenas
¿EN QUIÉN SE REFUGIA USTED?
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El mundo ofrece muchos "refugios", algunos aparentemente buenos y seguros, pero no olvidemos que las cosas del mundo pasan, el único refugio cierto y verdadero nos lo ofrece únicamente el Buen Dios.Guárdame oh Dios que en ti me refugio. Digo a Yahvé: Tú eres mi Señor, mi bien; nada hay fuera de ti. Bendigo a Yahvé, que me aconseja; aun de noche me instruye la conciencia; tengo siempre presente a Yahvé, con Él a mi derecha no vacilo.
Salmo 16: 1-2, 7-8
La Hora de la misericordia es a las 3pm
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“Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento, se abrió de par en par para cada alma.”
(Diario, 1572)Diario de Santa Faustina, n. 508
“Cuando se apodera de mí el sentido de desgana y de monotonía en cuanto a mis deberes, entonces me recuerdo de que estoy en la casa del Señor donde no hay nada pequeño, donde de la pequeña acción mía, llevada a cabo con la intención dirigida al cielo, puede depender la gloria de la Iglesia y el progreso de más de un alma.Ante los deberes sencillos de cada día, Dios nos invita a descubrir que nada hecho por amor es insignificante. Las pequeñas acciones ofrecidas al cielo pueden convertirse en fuente de gracia para muchas almas.
8 Maneras de Preparar tu Corazón para la Misa
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1. Ofrécete a ti mismo junto con el pan y el vino.
Mientras el sacerdote prepara las ofrendas, ofrece a Dios toda tu vida: tu trabajo, tus oraciones, tus alegrías, tus sufrimientos, tu familia, tus proyectos y todo lo que ha sucedido desde tu última Misa. Une tu ofrenda al sacrificio perfecto de Cristo.2. Lleva espiritualmente a una persona a la Misa.
Piensa en alguien que esté pasando por un momento difícil, que esté alejado de Dios, enfermo o necesitado de oración, y preséntalo al Señor durante toda la celebración.3. Prepara una intención concreta antes de salir de casa.
Pregúntate: «¿Qué quiero poner hoy delante de Jesús?». Llegar con una intención clara te ayudará a vivir la Misa con mayor recogimiento.4. Medita el Evangelio durante la semana.
Dedica unos minutos a leer el Evangelio del domingo antes de ir a Misa y pregúntale al Señor qué quiere decirte a través de ese pasaje.5. Antes de comulgar, dile a Jesús qué quieres que transforme en tu vida.
Puede ser tu paciencia, tu fe, una relación, un hábito o un temor. Mientras avanzas hacia el altar, preséntale una petición concreta.6. Lee previamente una de las Plegarias Eucarísticas.
Familiarizarte con estas bellísimas oraciones te ayudará a seguirlas con mayor atención durante la Misa y a descubrir la riqueza de cada palabra.7. Cuando el sacerdote eleve la Hostia y el Cáliz, haz un acto personal de fe. Puedes decir en silencio: «¡Señor mío y Dios mío!» o «Jesús, creo que estás verdaderamente presente».8. Vive la procesión para comulgar como una peregrinación.
En lugar de verla simplemente como una fila, recuerda que estás caminando al encuentro de Jesús, verdaderamente presente en la Eucaristía.
PALABRAS DEL SANTO PAPA LEÓN XIV (Mt 13, 1-23)
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Un sembrador, bastante original, sale a sembrar, pero no se preocupa de dónde cae la semilla. La arroja incluso donde es improbable que dé fruto: en el camino, entre las piedras, entre los espinos. Esta actitud sorprende a los oyentes y los lleva a preguntarse: ¿por qué?Estamos acostumbrados a calcular las cosas —y a veces es necesario—, ¡pero esto no vale en el amor! La forma en que este sembrador «derrochador» arroja la semilla es una imagen de la forma en que Dios nos ama. Es cierto que el destino de la semilla depende también de la forma en que la acoge el terreno y de la situación en que se encuentra, pero ante todo, con esta parábola, Jesús nos dice que Dios arroja la semilla de su palabra sobre todo tipo de terreno, es decir, en cualquier situación en la que nos encontremos: a veces somos más superficiales y estamos distraídos, a veces nos dejamos llevar por el entusiasmo, a veces estamos agobiados por las preocupaciones de la vida, pero también hay momentos en los que estamos disponibles y somos acogedores. Dios confía y espera que tarde o temprano la semilla germine. Él nos ama así: no espera a que seamos el mejor terreno, siempre nos da generosamente su palabra. Quizás precisamente al ver que Él confía en nosotros, nazca en nosotros el deseo de ser un terreno mejor. Esta es la esperanza, fundada sobre la roca de la generosidad y la misericordia de Dios. (Papa León XIV, catequesis del 21 de mayo de 2025)